La Unión Europea se prepara para una posible escalada comercial con Estados Unidos, luego de que el presidente Donald Trump anunciara su intención de imponer aranceles del 30% a productos europeos a partir del 1 de agosto. En respuesta, Bruselas ha elaborado un segundo paquete de represalias que contempla gravámenes a importaciones estadounidenses por un valor de 72 mil millones de euros, abarcando sectores clave como aeronáutica, automotriz, maquinaria, químicos, dispositivos médicos y bebidas alcohólicas.
Este nuevo listado, enviado a los Estados miembros de la UE, incluye bienes industriales y agrícolas, desde aviones Boeing y autos hasta vino, cerveza y bourbon, así como frutas, verduras y productos químicos utilizados en la agroindustria. La Comisión Europea ha justificado esta selección bajo tres criterios: necesidad de reequilibrio comercial, disponibilidad de proveedores alternativos y riesgo de deslocalización.
Aunque el bloque europeo mantiene abierta la vía diplomática, la preparación de estas medidas refleja una postura firme ante lo que considera una amenaza al comercio justo entre dos de los mercados más grandes del mundo. La decisión final sobre la aplicación de estos aranceles se tomará en las próximas semanas, en función del avance de las negociaciones.
Más allá de los números, este episodio subraya la fragilidad de las relaciones comerciales globales y la importancia de contar con cadenas de suministro resilientes. Para las empresas exportadoras, la diversificación de mercados y la eficiencia operativa serán claves para enfrentar posibles impactos.
La resiliencia ya no es una ventaja —es una necesidad estratégica. Y en ese panorama incierto, apostar por eficiencia energética y modelos sostenibles puede marcar la diferencia entre resistir y liderar.