
El sistema eléctrico nacional está bajo presión. Aunque el país cuenta con capacidad suficiente para generar energía, la falta de inversión en redes de transmisión y distribución ha comenzado a generar apagones en distintas regiones. Especialistas advierten que el rezago en infraestructura está afectando la confiabilidad del suministro, especialmente en zonas con alta actividad industrial.
La demanda energética ha crecido de forma sostenida, pero las líneas que transportan la electricidad no han sido modernizadas al mismo ritmo. Esto ha provocado interrupciones en estados como Nuevo León, Jalisco, Estado de México y Puebla, donde la industria depende de procesos continuos y sensibles a cortes eléctricos.
Además, el crecimiento urbano y la expansión de zonas habitacionales han incrementado la presión sobre una red que no fue diseñada para integrar nuevas fuentes renovables ni para responder con agilidad a picos de consumo. La falta de incentivos para que el sector privado participe en proyectos de infraestructura eléctrica ha limitado las soluciones disponibles.
La confiabilidad energética se ha convertido en un factor clave para la competitividad industrial. En este contexto, las empresas están buscando alternativas como el autoconsumo solar y los sistemas de almacenamiento energético (BESS) para reducir su dependencia de la red pública. La resiliencia operativa ya no es solo una ventaja —es una necesidad para enfrentar un entorno cada vez más incierto.